En los últimos años se ha registrado un aumento sostenido y acelerado de las solicitudes de protección internacional presentadas por ciudadanos cubanos en Brasil. Según datos oficiales y reportes migratorios, entre 2024 y 2025 el número de pedidos de refugio de cubanos pasó de poco más de 22 000 solicitudes en 2024 a cifras cercanas o superiores a las 40 000 en 2025, casi duplicándose en tan solo un año y marcando un récord en las estadísticas migratorias recientes.
Este crecimiento se ha producido de forma constante a lo largo de 2025, con miles de solicitudes registradas cada mes y tramos en que el promedio mensual supera las 4 000 peticiones, especialmente en los últimos meses del año, lo que evidencia la magnitud del fenómeno.
En algunos períodos de 2025, los cubanos incluso superaron por primera vez en años a otras nacionalidades tradicionalmente con más solicitudes, como los venezolanos, tanto en números absolutos como en ritmos de crecimiento trimestral.
El marcado crecimiento de las solicitudes refleja una combinación de factores vinculados a la grave crisis económica, social y estructural que afecta a Cuba. La prolongada escasez de productos básicos, la falta de oportunidades laborales, los apagones constantes, dificultades en la atención sanitaria y los retos para acceder a servicios esenciales han generado un flujo migratorio sostenido de ciudadanos que buscan mejores condiciones de vida fuera de la isla.
Estos factores, junto con la persistente presión migratoria hacia destinos tradicionales como Estados Unidos —donde el endurecimiento de requisitos de entrada ha limitado rutas irregulares— han impulsado a muchos cubanos a considerar Brasil como una alternativa viable para solicitar refugio o protección humanitaria.
Una parte significativa de las personas que piden refugio en Brasil no ingresa mediante canales regulares, sino que atraviesa fronteras terrestres y fluviales desde países vecinos como Guyana, Surinam o la Guayana Francesa, antes de llegar a municipios fronterizos brasileños como Bonfim (Roraima) u Oiapoque (Amapá).
Estos itinerarios, en muchos casos, son realizados con la asistencia de intermediarios no oficiales o por rutas remotas, lo que aumenta los riesgos de exposición a condiciones peligrosas, explotación o abandono en zonas rurales, como han documentado casos de migrantes cubanos que quedaron varados o fueron rescatados en la carretera.
n Brasil, la solicitud de refugio puede iniciarse incluso si la persona ingresó irregularmente al país. Una vez presentada la petición ante la Policía Federal o el Comité Nacional para los Refugiados (CONARE), el solicitante recibe un documento provisional que le permite permanecer legalmente en el territorio mientras se evalúa su caso y acceder a servicios como salud pública o empleo formal.
Este procedimiento de evaluación individual significa que cada caso es analizado por las autoridades, sin que exista un estatus especial automático para cubanos, y el reconocimiento final del estatus de refugiado puede tardar meses o años en resolverse.
Históricamente, Brasil no fue uno de los destinos principales de emigración cubana, con flujos mucho más orientados hacia Estados Unidos, México o España. Sin embargo, los datos recientes reflejan una transformación en estos patrones migratorios, con un aumento significativo de cubanos optando por Brasil como punto de destino o tránsito dentro de América Latina.
Este cambio está relacionado tanto con las condiciones internas en Cuba como con las políticas migratorias de otros países que han limitado las rutas tradicionales de salida, llevando a los migrantes a explorar alternativas más accesibles dentro del continente


