Las autoridades cubanas admitieron recientemente un fuerte deterioro en el sistema sanitario del país, tras reportarse que La Habana alcanzó una tasa de mortalidad infantil de 14 muertes por cada 1 000 nacidos vivos, la cifra más alta en más de dos décadas, según datos oficiales presentados en un pleno del Partido Comunista en la capital.
Este índice supera ampliamente la media nacional estimada anteriormente, lo que evidencia un deterioro acelerado de la atención médica en el país y confirma tendencias que diversos expertos y organizaciones habían señalado en los últimos años, como la escasez de medicamentos esenciales, la falta de personal especializado y la insuficiencia de recursos básicos en hospitales.
La situación sanitaria de Cuba ha sido objeto de preocupación constante. En 2025, el propio Ministerio de Salud Pública reconoció una cobertura reducida de medicamentos esenciales alrededor del 30 % y reportó escasez crítica de insumos, incubadoras y ambulancias, además de un aumento tanto de la mortalidad infantil como de la materna.
Organizaciones de la sociedad civil y personal médico han alertado sobre la crisis epidemiológica, con brotes de enfermedades como el dengue y el chikungunya que han agravado aún más la carga sobre un sistema ya debilitado.
Este reconocimiento oficial se da en un contexto en el que la atención sanitaria se enfrenta no solo a la falta de recursos, sino también a la fuga de profesionales de la salud, un problema que organizaciones independientes han vinculado a salarios bajos, deficiencias en el equipamiento y un ambiente laboral precario que empuja a especialistas a buscar oportunidades en el extranjero.
El deterioro de los indicadores de salud, como el incremento de mortalidad infantil en La Habana, pone de manifiesto el colapso de uno de los pilares que históricamente había definido al sistema social cubano, reconocido internacionalmente en décadas pasadas por su amplio acceso a servicios médicos gratuitos.


